Los años silenciosos
Nelly Fernández
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Nelly Fernández Arias, (Pravia, 1932). La infancia de Nelly pasa amargamente del confort de la casa familiar en Pravia, donde su padre, militante socialista, regenta una imprenta y librería, a una constante huida. La que se esperaba una partida temporal a Avilés, de donde es natural su familia materna, ante el avance de las Columnas Gallegas, se transforma el 9 de septiembre de 1937 en una azarosa evacuación junto a las mujeres de su familia que las llevará desde San Juan de Nieva hasta Burdeos esquivando la vigilancia del Almirante Cervera. Como otros 50.000 asturianos y asturianas, se refugiarán en Cataluña hasta la derrota definitiva de la República, comenzando en febrero de 1939 un segundo exilio en Francia tras cruzar la frontera pirenaica en condiciones dramáticas, las mismas que marcan la huida en masa de medio millón de españoles. Acogida en la localidad de Vilefranche sur Mer, el estallido de la II Guerra Mundial vuelve a determinar su corta vida, acelerando el retorno a Asturias en 1941 para descubrir que tanto su abuelo materno como su padre han fallecido fruto de la represión de los vencedores de la guerra civil.






Va a ser cosa de tres meses, dice papá. Mi madre lo mira y mi abuela calla. Yo soy pequeña y solo escucho. Nos da un beso en el puerto de San Juan de Nieva. Embarcamos en un carguero inglés junto a más gente. Ancianos, mujeres y niñas como nosotras. Es un viaje horrible. Tres días en la bodega. Pero no lloro ni vomito. Hay un hombre de la tripulación tranquilizándonos: “Compañeritas, no se preocupen, que antes de entregarnos, hundimos el barco”. Veo a mi abuela taparse la cara. Es por culpa de El Cervera. No para de disparar.


Tardamos tres días en llegar Burdeos. Nos recibe gente muy rara con sombreros muy anchos, cuáqueros les dicen, y hay un cura y monjas también. Nos dan leche y café. Mi abuela hace la cola varias veces. Le encanta el café. No le dicen nada. Salimos hacia Cataluña en el tren. Somos evacuados asturianos. Sólo van a ser tres meses.


Llevamos un año aquí. Dicen que la guerra está perdida y hay que escapar. Otra vez. Hay humo y fuego. No paran de bombardear. Veo cuerpos desmembrados y hay una niña que ha muerto asfixiada en el refugio. Somos muchos y esto es muy pequeño. Tengo pesadillas. Pienso en esa niña y en su madre. Caminamos hacia la frontera. Nosotras y mucha gente. Miles de personas. Los aviones tiran bombas y pasquines: “españoles no huyáis. No os va a pasar nada”. Tenemos suerte, los gendarmes nos permiten cruzar la frontera. Nos acogen en Vilefranche.

bombardeadas, refugiadas... niñas.

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